Roma al revés
El amor es, sin duda, el sentimiento más raro de la caja de
bombones que es la vida.
El más raro porque siempre está dispuesto a callarte la boca
cuando piensas que lo sabes todo sobre él. Porque te sabe hacer probar el cielo
para darte luego ese infierno tan suyo. Con esto me refiero, por ejemplo, a
llorar por amor. Nunca creí que fuera de esas personas que llora por amor hasta que me di cuenta de que todos lo hacemos. Algunos lloran con lágrimas, otros con palabras. También los hay que lloran con decisiones y los que lo hacen rompiendo corazones.
Ahora lloro por amor. Nos lloro a ti y a mí. Pienso en aquello que amo y que he perdido. En todo lo que podríamos haber sido. También pienso en lo que he dejado ir y en las personas que he perdido por amar poco o demasiado. En definitiva, por amar mal.
El amor también es escurridizo y siempre sabe cómo engatusar. Me he dado cuenta de que cada vez que decimos la típica "es la última vez que sufro por amor" solo perdemos el tiempo porque el amor es ciego y universal. Está en todas las personas que amamos (incluyendo esa que tanto daño te ha hecho y por la que quieres borrar el amor de tu vida) y es simplemente imposible dejar de amar.
Está en tu pareja, sí, pero también en tus padres, en tus hermanos, en tus abuelos, tíos, primos, sobrinos y nietos. Está en tu mascota, ese amigo que nunca te falla y que te da más de lo que tú a él. Está en la familia que eliges: tus amigos, en esas tardes de "ayuda, es que no sé qué hacer", en una quedada en el cine o en sofá viejo mientras coméis patatas rancias. En todos ellos está tu amor porque así lo has decidido al abrirles tu corazón y dejarles entrar en tu vida. También está en uno mismo, porque para amar y ser amado hay que amarse bien y saber ponerse por delante en las relaciones que así lo requieran para no perder ni la cabeza ni el corazón (que por diferentes que parezcan, son lo mismo) en esto del amor.
Que el amor es de valientes. Porque no es fácil abrir la puerta de los sentimientos y dejar entrar a la gente. Porque un "te quiero" nunca es solo un "te quiero", así como tampoco lo es un "te odio". Un "gracias por tus consejos" puede ser un "te quiero cerca de mí porque me haces mejor y más fuerte".
Hay gente a la que les cuesta decir que aman y es duro porque al decirlo quieres que la otra persona lo sienta y le llegue tanto como tú lo sientes. Lo que para ti significa el mundo, para otro puede no tener tanto valor. Valiente no es el que no tiene miedo, es el que teniéndolo es capaz de seguir, de no bloquearse y de enfrentarse a lo que sea. Ergo, el amor es una cruzada de valientes.
Así, en la caja de bombones, el amor es la misma caja. Puede ser engorrosa a veces, e inútil porque piensas que en algo más pequeño cabrían perfectos. Hasta que te das cuenta de que, sin caja, pierden la gracia y aunque sueltos estén ricos igual, la típica caja les da unidad y sobre todo, sentido. Con las personas es igual. El amor rompe barreras y da sentido y unidad. Es una de las cosas que nos hace humanos y tenemos que saberlo apreciar día a día. Porque se lo merece. Porque sin él, nosotros no somos.
Ahora lloro por amor. Nos lloro a ti y a mí. Pienso en aquello que amo y que he perdido. En todo lo que podríamos haber sido. También pienso en lo que he dejado ir y en las personas que he perdido por amar poco o demasiado. En definitiva, por amar mal.
El amor también es escurridizo y siempre sabe cómo engatusar. Me he dado cuenta de que cada vez que decimos la típica "es la última vez que sufro por amor" solo perdemos el tiempo porque el amor es ciego y universal. Está en todas las personas que amamos (incluyendo esa que tanto daño te ha hecho y por la que quieres borrar el amor de tu vida) y es simplemente imposible dejar de amar.
Está en tu pareja, sí, pero también en tus padres, en tus hermanos, en tus abuelos, tíos, primos, sobrinos y nietos. Está en tu mascota, ese amigo que nunca te falla y que te da más de lo que tú a él. Está en la familia que eliges: tus amigos, en esas tardes de "ayuda, es que no sé qué hacer", en una quedada en el cine o en sofá viejo mientras coméis patatas rancias. En todos ellos está tu amor porque así lo has decidido al abrirles tu corazón y dejarles entrar en tu vida. También está en uno mismo, porque para amar y ser amado hay que amarse bien y saber ponerse por delante en las relaciones que así lo requieran para no perder ni la cabeza ni el corazón (que por diferentes que parezcan, son lo mismo) en esto del amor.
Que el amor es de valientes. Porque no es fácil abrir la puerta de los sentimientos y dejar entrar a la gente. Porque un "te quiero" nunca es solo un "te quiero", así como tampoco lo es un "te odio". Un "gracias por tus consejos" puede ser un "te quiero cerca de mí porque me haces mejor y más fuerte".
Hay gente a la que les cuesta decir que aman y es duro porque al decirlo quieres que la otra persona lo sienta y le llegue tanto como tú lo sientes. Lo que para ti significa el mundo, para otro puede no tener tanto valor. Valiente no es el que no tiene miedo, es el que teniéndolo es capaz de seguir, de no bloquearse y de enfrentarse a lo que sea. Ergo, el amor es una cruzada de valientes.
Así, en la caja de bombones, el amor es la misma caja. Puede ser engorrosa a veces, e inútil porque piensas que en algo más pequeño cabrían perfectos. Hasta que te das cuenta de que, sin caja, pierden la gracia y aunque sueltos estén ricos igual, la típica caja les da unidad y sobre todo, sentido. Con las personas es igual. El amor rompe barreras y da sentido y unidad. Es una de las cosas que nos hace humanos y tenemos que saberlo apreciar día a día. Porque se lo merece. Porque sin él, nosotros no somos.
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